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Y así nació Réquiem de los Cielos

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  La idea para Réquiem de los Cielos apareció por ahí por 2012, cuando mi familia y yo nos mudamos desde Santiago hacia Quintero. Yo ya llevaba cerca de uno o dos años escribiendo una novela de fantasía que todavía tengo guardada en mi carpeta de «borradores» cuando comencé a interesarme en los ángeles y sus características. De la nada, este interés se fue expandiendo hasta hacerme regresar a John Milton y su épica El Paraíso Perdido, luego se extendió a La Rebelión de Lucifer de J.J. Benítez y siguió creciendo y moldeándose a medida que me inmiscuía en la angelología, demonología, religión y mitología. Para ese entonces, ya tenía más o menos claro que escribiría la historia de un ángel caído y su paso por el mundo terrenal mientras intenta reconquistar el Paraíso. Sin embargo, Asmodeo no formó parte de la idea inicial hasta que, luego de leer parte de la Biblia, llegué a un relato titulado Sara y el demonio Asmodeo, de la escritora argentina Ana María Shua. De inmediato me llamó la at

Aceitoso

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 —No deberías beber tanto, Tomás Óliver. —Dejaré de beber cuando te salga un lunar, Aceitoso —protestó el hombre con la ponzoña de siempre. Y es que, después de treinta años juntos, todavía odiaba su voz artificial. El robot volvió su cabeza de metal hacia la montaña que tenían al frente, sin que el amarillento brillo de sus ojos cambiara en lo más mínimo. En una de sus manos tenía la cerveza que su propietario le dio al finalizar las faenas de esa tarde. Como cada día, la abrieron al mismo tiempo y Aceitoso la mantuvo entre sus oxidados dedos hasta que el hombre bebió la suya por completo. Así pasaban las cortas tardes magallánicas, después de lavar por horas arena del río Las Minas para encontrar apenas unos cuantos gramos de polvillo de oro y alguna ocasional y diminuta pepita. Mucho tiempo atrás, esta había sido una actividad que Tomás realizaba junto a su hijo, pero, desde que él y su esposa murieron durante la pandemia, su única compañía era el destartalado robot AF-18 que encont

Noticias

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  ¿En qué estoy? Eso es lo que algunos lectores y seguidores me preguntan cuando pasan semanas sin que publique nada en redes sociales. Así que usaré esta entrada para contarles qué estoy haciendo y qué se viene en el futuro próximo. Como muchos saben, escribir es una afición que pasó a ser un segundo trabajo, pero que no es mi actividad principal, por mucho que desearía que así fuera. Y, el que es mi trabajo principal, ha demandado bastante tiempo durante los dos últimos meses, por lo que escribir se ha vuelto complicado. Sobre todo, por unos inesperados asuntos familiares que tal vez en otro momento les cuente con mayor detalle. De todas maneras, algo grande se acerca: mi primer trabajo con una editorial de verdad, confiable y muy, pero muy recomendada para los amantes de la ciencia ficción, ya sean lectores o escritores. Antes de hablar de eso, les voy a contar sobre mis otros proyectos, para que entiendan que, a pesar del poco tiempo que he tenido para escribir, no he dejado

El Último Vuelo del Pegasus, capítulo final

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  Lee la decimotercera parte aquí Paul Haldeman no daba crédito a lo que veían sus ojos. Intentaba convencerse a sí mismo que se trataba de algún tipo de alucinación provocada por los medicamentos que Gamboa le había administrado, pero su desesperación fue aumentando a medida que los sentidos le indicaban que en verdad estaba paralizado y que todo lo que observaba a su alrededor en realidad estaba pasando en esos momentos. Aunque no era capaz de comprenderlo. Ya no se encontraba en la camilla del área médica del Pegasus. En su lugar, estaba tendido sobre una tibia superficie rugosa que se ajustaba a cada una de las curvaturas de su cuerpo y que parecía adaptarse a sus limitados movimientos, estando en todo momento pegada a su piel. Suponía que se trataba de una capa adherente que impedía que se levantara, sosteniéndolo con tanta fuerza que a duras penas conseguía mover la cabeza para mirar qué estaba pasando. Así fue como descubrió, horrorizado, que estaba desnudo y que varios ca

Parte 13 de El Último Vuelo del Pegasus

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Lee la décimo segunda parte aquí Mark Angle pasó a toda velocidad por los distintos compartimientos de la nave que eran atravesados por el pasillo principal. Aquel corredor conectaba todos los componentes del módulo de vida, desde la cabina hacia el área de descanso, pasando por el área médica y el comedor. Solo aminoró su paso al pasar frente a la puerta transparente que daba al box de sanidad donde Handelman seguía inconsciente por los sedantes que Gamboa le había administrado. Pensó por unos instantes en la conveniencia de despertarlo y cargarlo hacia la cabina, pero decidió que perdería tiempo precioso en ello, sin alterar demasiado el resultado de sus planes. Porque estaba determinado a encender los motores del Pegasus aunque eso significara explotar junto a los alienígenas que los invadían. Sin embargo, cuando estaba a medio camino, una extraña vibración y un brusco temblor le obligaron a detenerse. No fue hasta que sintió que la nave se movía por cuenta propia que Angle comp

El Último Vuelo del Pegasus, parte 12

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Lee la undécima parte aquí El esfuerzo de subir fue comparable a las dificultades para equilibrarse uno al lado del otro en el pequeño espacio que quedó del piso del elevador. Después de varias atolondradas maniobras, Robinson consiguió retroceder hasta hacerle el lugar para que Angle pudiera pararse a su lado. Sin embargo, no se permitieron el tiempo para un respiro y de inmediato comenzaron a buscar la forma de salir de la urna metálica en la que estaban aprisionados, antes de que los invasores volvieran a la carga. ―¿Piensa lo mismo que yo, capitán? Robinson había dado una breve mirada al techo, lo que fue suficiente para que Angle comprendiera sus intenciones y asintiera con la cabeza. ―¿Te das cuenta de que si le damos al motor o a la polea vamos a terminar allá abajo? ―¿Tiene una mejor idea, señor? El capitán se encogió de hombros. ―Supongo que no. Y entonces los dos abrieron fuego, tratando de que los disparos abrieran un agujero lo más cercano posible a la pared

Lo que he descubierto en este viaje

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En un post anterior les hablé sobre mi breve y humilde experiencia como escritor, desde que publiqué mi primera novela hasta lo que estoy haciendo ahora. En esta oportunidad, quiero profundizar un poco más y, si bien no pretendo hacer una guía para quienes quieran aventurarse en esta aventura literaria, pretendo exponer de forma algo más detallada parte de las muchas opciones que he descubierto por propia curiosidad para llegar al sueño del libro impreso. Para empezar, debo recordarles que en este viaje he debido reformular mi definición de éxito, como podrán leer en mi post , así que comenzaré diciéndoles que no recibirán los consejos de un escritor consagrado ni mucho menos famoso. Lo que encontrarán en estas líneas es la experiencia de alguien que, igual que ustedes, intenta abrirse paso en este campo tan competitivo y sobre poblado, siempre llano a recibir nuevos consejos y a aprender. Entonces, a lo que nos convoca. El paso previo a la publicación es tener un manuscrito ter