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Cuento de Valientes

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 Este es el primer cuento que publicaré de las historias nacidas del Taller de Escritura Creativa que desarrollé con los alumnos de quinto básico del colegio El Sembrador de Casas Viejas. Dejo con ustedes Cuento de Valientes, de Valentina P.: Había una vez dos hermanos, la mayor se llamaba Julia y el pequeño, Tomás. Los dos se llevaban muy bien y disfrutaban jugando a batallas y victorias. Eran tiempos de caballos, dragones y princesas. Sin embargo, desde que murió su mascota, el gatito Valiente, las cosas cambiaron. ¡Vivieron tantas historias y aventuras juntos! Pero los niños, con el tiempo, empezaron a jugar otra vez. Una tarde, al anochecer, jugaban en el bosque a buscar lugares secretos y, de repente, se oyó un grito espantoso que heló el corazón de Julia: un enorme dragón se había llevado a su hermano a la torre más alta de un castillo. Julia no dudó en ir a salvar a Tomás. Se armó con su escudo y avanzó sin pensarlo un instante. Llegó a la torre y adentro encontró un pozo lleno

¿Qué es el éxito?

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  Definir el éxito a lo largo de estos cinco años publicando mis historias, ha sido un tema en el que he pensado muchas veces. Junto con ansiar llegar a masificar mis libros -qué escritor no ha pensado alguna vez en eso-, he soñado con el reconocimiento por parte de lectores de distintas partes del mundo, siempre motivado por los buenos comentarios y palabras de aliento de los lectores de este lado del mundo. Por eso, cuando mis novelas en Amazon han alcanzado los primeros lugares de ventas en formato digital, aunque sea por un par de horas, me he sentido realmente exitoso, al igual que con cada una de las reseñas que he recibido hasta ahora. Claro que nada se compara con la medalla de oro de Venganza en los International Latino Book Awards, un honor gigantesco y una alegría incomparable, aunque todavía espero ver los resultados de haber obtenido tan alta distinción a nivel internacional. Lo más cerca que había estado de un reconocimiento así, fue las dos veces que me adjudiqué el Fond

Buenas nuevas

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  2020 fue un año que pensé que nunca iba a acabar. Vino acompañado de muchos cambios y de un inesperado virus que puso al mundo de cabeza. Sin embargo, por el lado de la escritura, llegó la publicación de mi cuarta novela, Venganza - Astrea, de la mano de Sietch Ediciones, la que me ha llenado de satisfacciones. Recuerdo por allá por 2019 cuando la postulé, junto a mi buen amiga Natalia, al Fondo del Libro , donde no alcanzó el puntaje mínimo para quedarse con alguna asignación y hubo un minuto en que la motivación se esfumó y pensé en que todo el esfuerzo y trabajo detrás de esta historia había sido en vano. Pero seguí adelante con este proyecto y comencé a buscar editorial, al mismo tiempo que pensaba en autopublicarla, y de pronto me topé con Michel Deb y su Sietch y dije "¡aquí es!". Y creo que es la mejor decisión que he tomado hasta ahora. Después de años trabajando de manera independiente, firmar contrato con una editorial formal significó una enorme diferencia, no so

El Espejo

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  La casa nueva resultó ser mucho más grande y cómoda que nuestro anterior departamento. El antiguo residente se había preocupado de pintar por completo el interior y barnizar toda la fachada. Solo las paredes laterales se notaban algo deterioradas por el tiempo, pero todo lo demás parecía casi nuevo. Además, por ser casa de esquina, tenía un patio en el que con facilidad cabían dos autos o, lo que me entusiasmaba todavía más, una buena piscina. Y mi enorme dormitorio me hizo olvidar por completo cualquier reparo previo a la mudanza. Lo único que me causaba una cierta incomodidad era el imponente espejo adosado a la pared en el descanso de la escalera, justo a medio camino entre el primer y el segundo piso. Era un gigantesco óvalo de marco dorado con la inclinación precisa para verse de pies a cabeza desde el primer peldaño hasta llegar frente a él. No supe si se debía al ángulo de incidencia de la luz que llegaba desde las ventanas del pasillo superior o a alguna deformidad del vi

El Camino de la Venganza: Negocio Redondo

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  Alonso Urrutia estaba acostumbrado a estas reuniones. En un principio le parecían incómodas y él se sentía fuera de lugar, más que nada porque los temas que se trataban en ellas no siempre se apegaban a los ideales juveniles que lo llevaron a estudiar derecho. Sin embargo, no tardó mucho tiempo en acostumbrarse y, en una ciudad que era el vivo reflejo de la frase “supervivencia del más fuerte”, no tuvo que hacer un gran esfuerzo para dejarse llevar por la ola en la que otros llevaban surfeando desde hacía bastante tiempo, y sumarse a la Cofradía Lisias, un exclusivo y cerrado círculo formado por los más prestigiosos estudios jurídicos de la gran metrópolis, avalado, aunque no directamente, por el Colegio Nacional de Abogados. No pasó mucho antes de que se hiciera notar entre sus colegas. Él, joven y ambicioso, demostró poseer un agudo intelecto, una extrema facilidad de oratoria y una capacidad única para leer a la gente. Podía pararse frente a cualquier persona en el estrado y descu

El Camino de la Venganza: Justa Sentencia

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La jornada de aquel día lunes había sido inusualmente agobiante. Una serie de casos de asesinatos en las calles colmaban los tribunales de periodistas y curiosos que querían conocer los detalles de los misteriosos ajusticiamientos de presuntos traficantes y pederastas que fueron encontrados sin vida bajo circunstancias increíbles. Por todas partes circulaba el rumor de un personaje enigmático que algunos describían como un robot, otros como un astronauta del futuro y, los más fantasiosos, como un personaje salido de alguna de las recientes y exitosas películas de superhéroes. No había total acuerdo entre los distintos y escasos testigos de si se trataba de un hombre o una mujer, pero la mayoría de las declaraciones apuntaban a un ser de aspecto femenino, aunque con una fuerza y agilidad muy por sobre lo normal. Y esa batahola llevó a duplicar la presencia policial en el juzgado y redoblar los turnos de todos los funcionarios del tribunal. Por esta razón, recién a las seis de la tarde e

El camino de la Venganza: Sacrilegio

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  Hubo un tiempo en que me gustaba ir a la iglesia. Pero de un momento a otro todo se fue a la mierda. No era solo por el hecho de tener que levantarme mucho más temprano de lo habitual para un domingo ni por el exasperante ritual de arreglarse para ir a soportar la eterna hora que duraba la misa. Se trataba de algo más visceral, una sensación de desagrado frente a los feligreses que se reunían en el lugar y su actitud de “todos nos queremos” y “todos somos una familia”, cuando muchos de ellos estaban tan metidos en la basura como yo. Claro que para mi madre esto no era más que una nueva reacción de apatía por mi adolescencia y tal vez por mi inestable estado de ánimo. Después del doloroso abandono de mi padre y la serie de conflictos legales que le siguieron, caí en una profunda depresión que me mantuvo en tratamiento siquiátrico bastante tiempo. En tanto, mamá debió lidiar con los líos y trámites de la separación, mi enfermedad y todo el caos relacionado con el cambio de casa y la